Geología virtual
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Historia de las geociencias y geología

Naumann, C. (1850): Formación de la tierra firme

Trabajos históricos
W.Griem, 2019

Naumann, 1850
Formación de la tierra firme

español - deutsch


Costa de Beche

Costa (De La Beche, 1852): Se nota muy bien las fracturas perpendiculares usadas para el modelo de Naumann


Beudant, 1844: Serapistempel

Beudant, 1844: Serapistempel - un ejemplo de los movimientos verticales de la tierra firme.
[Figura en grande: Templo Serapis, alzamiento tectónico (Beudant, 1844)]



La tierra actual ha sido en gran medida el lecho marino en períodos geológicos anteriores

Algunas ideas y observaciones:

a) La tierra actual ha sido en gran medida el lecho marino en períodos geológicos anteriores:
En todas las partes de la tierra se encuentran fósiles, pero de diferentes épocas, en montañas y llanuras.

b) Movimientos tectónicos verticales hacia arriba y hacia abajo.

c) "superficie de la tierra firme haya estado alguna vez uniformemente inundada en toda su extensión":
Se pensó que en el comienzo todo era en la misma altura y cubierto con agua.

d) Existen movimientos tectónicos verticales, alzamiento y bajada de áreas: Transgresiones y regresiones.

e) Los limites entre continentes y océanos se define como fallas tectónicos verticales.

f) Reconocen el problema de existencia de cerros y montañas en un ambiente "geotectónico" de disminución del tamaño del globo terrestre:
"no creemos que el enfriamiento largo y paulatino por sí solo, especialmente en las últimas etapas de la formación de la corteza terrestre, fuera suficiente".

g) Igualmente reconocen fuerzas y desplazamientos horizontales.

h) la distribución actual de tierra firme y océanos se interpreta algo del momento de la actualidad.

i) Se argumenta que volcanes son un fenómeno moderno, la corteza rígida de la tierra es algo nuevo, y antes era mas fácil que magma sale a la superficie. Los volcanes de la actualidad son como válvulas que permiten que la presión interior de la tierra se disminuye.

j) La idea de Hopkins de una pauta, una geometría de los elementos tectónicos regionales o de un área resuelve algunos años más tarde Riedel (1929).

k) Dana ya comenzó con su idea de los geosinclinales - donde los movimientos verticales eran cruciales.
Los cráteres de la luna eran como un ejemplo de áreas de hundimiento tectónico. Por eso tanto tiempo no se consideró oficialmente como cráteres de impacto.

l) "Un segundo tipo de elevación es aquella en la que las fuerzas de temblor atacaron una gran franja de tierra o una zona larga y ancha de la corteza terrestre": Algunas cadenas montañosas ya se detectaron como diferente por su forma larga y ancha - hoy ya sabemos: Subducción.


Cuadro Informativo

Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 1; 1000 páginas, 306 figuras, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig
Página 395- 400

Texto en español, Naumann (1850) - p.395 - 400:

Formas de los continentes y de las montañas
§133. Formación de la tierra firme en general.


Después de que nos hayamos familiarizado en los capítulos anteriores con las formas más importantes de la tierra o de la roca sólida en general, al final de estas reflexiones surge la pregunta de cómo y por qué medios estas formas han llegado a la formación. Aunque sólo podemos responder a esta pregunta en términos generales en la actualidad, su respuesta proporcionará, no obstante, los elementos esenciales para responder a todas las preguntas similares que podamos hacernos con respecto a países o regiones concretos.

La tierra actual ha sido en gran medida el lecho marino en períodos geológicos anteriores. Esta frase, de la cual aprenderemos innumerables pruebas especiales en nuestras observaciones más lejanas, ya se demuestra generalmente por el hecho incontrovertible de que en medio de los continentes, tanto en las tierras bajas como en las montañas y mesetas más altas, encontramos los restos de innumerables animales marinos atrapados en la roca; por lo que no podemos explicar las capas de estas rocas para otra cosa que no sean sedimentos de suelo o sedimentos que se han asentado en el antiguo lecho marino. Sí, una misma región del país debe haber existido a menudo en períodos muy diferentes como lecho marino, ya que a menudo vemos capas cubiertas con los restos de organismos marinos de otras capas, en las que, por ejemplo, sólo hay plantas terrestres, mientras que éstas, a su vez, forman la base de otras capas, que a su vez cierran la evidencia de la formación submarina dentro de sí mismas.

Así, por ejemplo, en Sajonia, entre Wildenfels y Zwickau, por encima de las capas de la Formación Grauwackas, a veces repletas de animales marinos fosilizados, se encuentran las capas de la formación de hulla, en las que no queda ningún rastro de tales restos animales, sino que se deposita una cantidad extraordinaria de plantas terrestres. Encima de él se encuentran las capas del rojizo, que parecen tener el mismo carácter, pero que están cubiertas en la parte superior por las capas del llamado Zechstein, que se formaron con absoluta seguridad en el fondo del mar. En otras regiones, como Pirna, por ejemplo, encontramos las capas aún más altas de la areniscas de la formación "Quadersandstein", que a su vez pertenecen a una cubierta marina completamente diferente; de modo que en esta pequeña parte de la superficie de la tierra se pueden ver no menos de tres ingresos marinos, que tuvieron lugar en períodos de tiempo muy diferentes y fueron separadas entre sí por períodos intermedios muy largos de emersión.

Estos hechos, que sólo se mencionan aquí de forma general, pueden probarse ahora en los sectores de las regiones más conocidas de los continentes, por el hecho de que hay relativamente pocas regiones que carezcan de pruebas claras de una inmersión previa por debajo del nivel del mar, mientras que muchas regiones han proporcionado pruebas de inmersiones repetidas y entremedio emersiones  intermedias con una variación de su forma de los estratos y rocas.

Pero, qué más vemos en estos hechos que los mismos fenómenos que ya hemos visto anteriormente (págs. 247 a 281), aunque a menor escala, como altibajos del terreno ¿
Y cómo podríamos buscar y querer encontrar una explicación más simple y natural para aquellas inmersiones y emersiones alternas que tuvieron lugar en tiempos antiguos que las que nos presentan fenómenos similares del presente y del pasado inmediatamente posterior?
Las mismas causas, que ahora todavía transmiten el extraño mecanismo de un movimiento de pronto ascenso y pronto descenso de la corteza de la Tierra, las mismas causas probablemente también habrán sido efectivas en períodos geológicos anteriores: incluso si no podemos ocultar el hecho de que en ese momento activaron una energía mucho mayor y trabajaron a una escala mucho mayor que en la actualidad *1).

Así que los movimientos , en parte largas [secular], en parte instantáneo, el levantamiento y descenso de partes más grandes o más pequeñas de la corteza terrestre sólida se alternan entre sí en todo momento, y por lo tanto han provocado ese cambio múltiple en la posición del nivel del mar y en la cubierta de agua que pronto serán aquellas regiones cuya realidad está avalada por innumerables hechos.

Es posible que la superficie de la tierra firme haya estado alguna vez uniformemente inundada en toda su extensión por las aguas del océano, y podemos al menos asumir ese estado para obtener un punto de partida para nuestro pensamiento. Si ahora pensamos que en ese momento grandes regiones de la corteza terrestre estaban sujetas a un hundimiento lento, paulatino, el mar se profundizó considerablemente, lo que necesariamente transformó a otras regiones en partes menos profundas del mar al principio, y finalmente, con la profundización continua de las primeras, llegando mas tarde a áreas de tierra firme.

Así como algunas regiones siguen subiendo y otras bajando en la actualidad, así habrá sido en los días pasados, y se comprenderá cómo la influencia simultánea de ambos movimientos en diferentes sectores, provocando la formación de mares profundos y continentes, estos últimos emergiendo sólo como marejadas planas sobre el nivel del mar, pero también ascendiendo a importantes mesetas, especialmente en sus regiones centrales.

Los continentes y mares así formados pueden haber persistido a través de innumerables años durante los cuales, en la superficie de los primeros, las aguas de la tierra firme se hicieron efectivas, pero en el fondo de los segundos, se produjo la formación de capas de arena y barro, en las que quedaron atrapados los restos de innumerables generaciones de animales marinos; hasta que, finalmente, en algunos lugares, se produjeron movimientos lentos y persistentes  en el sentido opuesto, por los cuales grandes regiones de la antigua tierra se transformaron en lecho marino, y grandes regiones del antiguo lecho marino se transformaron en tierra.

Así se generó una nueva distribución del agua y de la tierra; y si pensamos que cambios similares se han repetido a lo largo del tiempo, entendemos cómo una misma región de las rocas terrestres podría ser cubierta gradualmente por diferentes sedimentos marinos, que se originan en períodos completamente diferentes y están separados unos de otros por formaciones de un tipo diferente.

El alzamiento general de una gran parte de la corteza terrestre, sin embargo, no sólo se habrá asociado con una fuerte tensión de la misma, sino que también habrá traído consigo una expansión horizontal real, de modo que pronto se podrían causar rupturas allí, lo que resultó en un mayor ascenso de partes individuales del campo de elevación, y por lo tanto en la formación de mesetas y tierras escalonadas. Tales elevaciones en los bordes de las grietas también pueden haber ocurrido de manera brusca; así como los movimientos seculares de acción lenta pueden haber sido interrumpidos por movimientos bruscos, instantáneamente más fuertes y se sumaron los efectos.

Es bien lógico que incluso donde una región elevada colindaba con una región hundida, las grietas y las fracturas de la corteza terrestre pueden formarse muy fácilmente, y que entonces, a lo largo del limite de las grietas, podría tener lugar un levantamiento más fuerte de la región de elevación; y así se explica cómo los continentes en cualquier momento pronto ascendieron desde el mar, pronto en esa parte de sus contornos con costas escarpadas, mientras que en cualquier otro lugar procedieron de manera bastante gradual hacia el lecho marino*2).

La distribución actual del agua y de la tierra firme, cuya imagen nos es presentada por los globos terrestres o los mapas de ambos hemisferios, debe ser considerada como el trabajo de los últimos movimientos de este tipo. Durante milenios, esta imagen puede haber mantenido una cierta estabilidad en su contorno general, y durante milenios, esta estabilidad puede estar todavía en equilibrio. Así como ya se están produciendo cambios más o menos llamativos en las costas en particular ante nuestros ojos, también llegará un momento en el que la imagen de ambos hemisferios revelará formas de contorno de los continentes sustancialmente diferentes a las actuales. Sin embargo, no debemos olvidar el hecho de que la estabilidad de la corteza terrestre y la resistencia de cada una de sus partes es mucho mayor que en épocas anteriores, ya que su espesor ha aumentado constantemente con el paso del tiempo como resultado de la solidificación que continúa en su cara interior.

Mientras que en los antiguos, los primeros períodos geológicos la entonces más débil corteza terrestre tuvo que ceder más fácilmente a los ataques de las fuerzas plutónicas dirigidas contra ella, esto habrá sido cada vez más difícil en los períodos posteriores, y aún más difícil de lograr en la actualidad, que en el último período transcurrido*3). Además, los volcanes, estos aparatos bien especiales que de hecho se comportan de la misma manera hacia la corteza terrestre que las válvulas de seguridad de una caldera de vapor, parece que haberse formado en los períodos geológicos más recientes, de modo que el globo terrestre en su actualidad es mas mucho mas estable  que en cualquiera de los períodos anteriores *4).

En general, la formación de los continentes ha sido siempre obra del mecanismo de la naturaleza, que Humboldt describió tan acertadamente como el resultado de la reacción del interior todavía un líquido de nuestro planeta contra la corteza firme o rígida de éste; una reacción que, sin embargo, tuvo que manifestarse en varias etapas del enfriamiento de esta corteza. Pero no creemos que el enfriamiento largo y paulatino por sí solo, especialmente en las últimas etapas de la formación de la corteza terrestre, fuera suficiente para producir una reducción tan significativa en la capacidad de la corteza como debe asumirse para las oscilaciones de su superficie, y en especial para explicar las elevaciones observables de las grandes cadenas montañosas que deben ser discutidas; aunque estas oscilaciones y estas elevaciones deben ser consideradas como movimientos muy menores en comparación con las dimensiones de todo el mundo.

Más bien, parece que la opinión ya expresada por otros y citada en la pág. 289 de que el proceso de solidificación, es decir, la transformación de masas líquidas altamente comprimidas a cuerpos rígidos, que avanza muy lentamente en la base inferior de la corteza terrestre, ha ejercido una influencia mucho mayor. Hopkins realizó estudios teóricos sobre la forma de acción de las fuerzas de compresión plutónicas contra la corteza terrestre*5), y llegó a la conclusión de que normalmente deben surgir dos sistemas de fisuras paralelas que se intersectan en ángulos rectos; el mismo resultado confirmó igualmente Rozet *6).

Esto explicaría por qué las líneas costeras de los continentes (si están presentes por acantilados) a menudo se cruzan en ángulos casi rectos (p. 316). La idea de que cualquier subsidencia o elevación causada por una contracción paulatina debe extenderse en un círculo máximo sobre la totalidad del globo terrestre *7) probablemente va demasiado lejos, ya que presupone una homogeneidad y una igualdad tan completa de espesor y resistencia de la corteza terrestre en todas sus partes que no es probable. Deluc, Prevost y Dana quieren explicar toda la formación de la tierra y sus montañas casi exclusivamente por el hundimiento de la corteza terrestre, de modo que el ascenso de la tierra sería considerado sólo como algo relativo, como un retroceso de la tierra sobre el lecho marino hundido. *8)

Dana también postuló que los primeros campos de subsidencia tenían una forma circular o elíptica y eran generalmente similares a los grandes cráteres de la superficie lunar, aunque esto no puede ser probado o refutado.

[sigue con el texto]
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Anotaciones originales:

*1) De hecho, es sólo ahora que las causas son efectivas  (causas de la actualidad), que estamos interpretando. Pero el hecho de que atribuyamos un mayor efecto a estas causas en épocas anteriores o también periódicamente se justifica probablemente por la naturaleza cambiante de la naturaleza. Lyell y otros son de la opinión opuesta, y Omalius d'Halloy dice con razón que este punto de vista ejerce una especie de tiranía sobre muchos opiniones. Pero con razón se pregunta si tal visión no se basa a menudo en una mera hipótesis, y si realmente se puede creer que la tierra siempre ha sido como es hoy en día. Ciertamente no, responde, porque de lo contrario no podría ser lo que es ahora. Bull, de la soc. geol. 2ª serie, t. 1F, 1847, p. 531.

*2) Dana pone un excelente énfasis en los efectos que tuvieron lugar en los límites de los campos de subsidencia y parece trata explicar las cadenas montañosas sólo a partir de estos efectos.

*3) Así indicó Leibniz en su Protogaea, §. IV: Facies teneri ad. huc orbis saepe novata est; donec quiescentibus causis atque aequilibratis, con- sistentior emergeret Status rerum.

*4) Marcel de Serres en su "Introducción a la Geognosia" des terrains tertiaires, Montpellier,1829; Firlet, im Bull. de la soc. geol., t.FI, 1834, p. 215.


*5) En las Transacciones Filosóficas de Cambridge, tituladas Investigaciones en Geología Física, Hopkins proporcionó una serie de estudios teóricos de gran importancia sobre la naturaleza y las condiciones del interior y la corteza terrestre, y sobre el modo de acción de las fuerzas "abisodinámicas" [fuerzas de profundidad], por lo que la teoría de la elevación de continentes y montañas se remonta a principios mecánicos. Según él, el caso más simple de elevación de la corteza terrestre es aquel en el que la fuerza de elevación se concentra en un punto o área de extensión limitada.
La elevación tendrá lugar entonces en círculo y formará un cráter o circo de elevación, desde cuyos centros irradian varias columnas, que incluyen segmentos triangulares entre sí, que todos ascienden hacia el centro y rodean una depresión central, como tal, que tuvo que surgir en parte por la elevación, en parte por el colapso de las alturas de estos segmentos. La teoría de estos cráteres de elevación ya ha sido desarrollada por Elie de Beaumont en el pasado (Mimoires pour servir a une descr. geol. de la France, III, p. 193 y ss. y IF, p. 97 y ss.).
Un segundo tipo de elevación es aquella en la que las fuerzas de temblor atacaron una gran franja de tierra o una zona larga y ancha de la corteza terrestre. En tal caso, durante todo el período de eficacia de estas fuerzas, la zona en cuestión tuvo que ser sometida a una tensión o estiramiento que finalmente resultó en rupturas o roturas de la misma. Hopkins demuestra ahora por las leyes de la mecánica que esta tensión tenía que alcanzar su máxima intensidad en dos direcciones, una de las cuales corresponde a la longitud y la otra a la anchura del campo de elevación, de modo que normalmente se formaban dos sistemas de fisuras que se cruzaban en ángulo recto, cada una de las cuales consistía en varias fisuras paralelas, cuya formación simultánea era indiscutible. Por cierto, Hopkins indica que puede probar que esta formación de fisuras siempre comenzó en el interior de la corteza terrestre y progresó hacia arriba hasta que finalmente llegó a la superficie. En su último tratado sobre la arquitectura del campo de elevación de la Formación Wealden, muestra finalmente cómo las condiciones geo-tectónicas del distrito elevado tuvieron que ejercer una influencia significativa en el curso de las fisuras, y cómo el curso recto y paralelo de un mismo sistema de fisuras requerido por la teoría podría estar sujeto a algunas perturbaciones.

*6) En sus publicaciones: sur les irregularites que presente la structure du globe terrestre, in den Stern, de la soc. geol., 2. Serie, t. I, 1844.

*7) Frapolli, en Poggend. Ann., Bd. 69, 1846, S. 481.

*8) Prevost, in Bull, de la soc. geol., t. XI, p. 183 ff. y Dana, en The Amer. Journ. of sc., 2. series, t. III, p. 177.

[sigue con el texto]

Originaltext in Deutsch, Naumann (1850):
p. 390-392

III. Entstehung der Kontinente und Gebirge.
§. 133. Bildung des Landes überhaupt.


Nachdem wir in den vorhergehenden Paragraphen die wichtigsten Formen des Landes oder der Erdveste überhaupt kennen gelernt haben, so drängt sich uns beim Schlüsse dieser Betrachtungen die Frage auf, in welcher Weise und durch welche Kräfte wohl jene Formen zur Ausbildung gelangt sind. Diese Frage können wir zwar an gegenwärtigem Orte nur in großer Allgemeinheit beantworten; desungeachtet aber wird ihre Beantwortung die wesentlichen Elemente zu der Antwort auf alle ähnlichen Fragen liefern, welche wir uns in Betreff einzelner Länder oder Gegenden stellen können.

Das gegenwärtige Land überhaupt ist in früheren geologischen Perioden größtenteils Meeresgrund gewesen. Dieser Satz, für welchen wir in unsern ferneren Betrachtungen zahllose besondere Beweise kennen lernen werden, wird schon ganz allgemein durch die unumstößliche Tatsache erwiesen, dass wir mitten in den Kontinente, in den Tiefländern wie auf den höchsten Gebirgen und Plateaus, die Überreste unzähliger Meerestiere im Gesteine eingeschlossen linden; weshalb wir die Schichten dieser Gesteine für gar nichts Anderes erklären können, als für Bodensätze oder Sedimente, welche sich auf dem einstmaligen Meeresgründe abgesetzt haben. Ja, eine und dieselbe Region des Landes muss oft in sehr verschiedenen Perioden als Meeresgrund existiert haben, da wir gar nicht selten Schichten mit den Überresten mariner Organismen von anderen Schichten bedeckt sehen, in welchen z. B. nur Landpflanzen vorkommen, während diese wiederum die Unterlage noch anderer Schichten bilden, welche abermals die Beweise einer submarinen Bildung in sich verschließen.

So finden sich z. B. in Sachsen, zwischen Wildenfels und Zwickau, über denen, stellenweise mit versteinerten Meerestieren erfüllten Schichten der Grauwacken Formation, die Schichten der Steinkohlenformation, in welchen keine Spur von solchen Tierresten, wohl aber eine außerordentliche Menge von Landpflanzen niedergelegt ist. Darüber folgen die Schichten des Rothliegenden, welche zwar denselben Charakter zu tragen scheinen, nach oben aber von den Schichten des sogenannten Zechsteins bedeckt werden, die ganz entschieden auf dem Grunde des Meeres gebildet wurden. In anderen Gegenden, wie z. B. bei Pirna, finden wir die noch höheren Schichten des Quader-sandsteins, die wiederum einer ganz anderen Meeresbedeckung angehören; so dass also in diesem kleinen Teile der Erdoberfläche nicht weniger als drei,  in sehr verschiedenen Zeitperioden statt gefundene Meeresbedeckungen zu erkennen sind, welche voneinander durch zwischenliegende sehr lange Perioden der Emersion getrennt waren.

Dergleichen hier nur ganz allgemein angedeutete Tatsachen lassen sich nun aber im Gebiete der meisten bekannten Regionen der Kontinente nachweisen, indem es verhältnismäßig nur wenige Landstriche gibt, welche jeden bestimmten Beweis einer vormaligen Submersion unter den Meeresspiegel vermissen lassen, während sehr viele Landstriche in der wiederholt wechselnden Beschaffenheit ihrer Gesteinsschichten die Beweise wiederholter Submersionen und dazwischen fallender Emersionen geliefert haben.

Was Anderes aber erkennen wir in diesen Tatsachen, als dieselben Erscheinungen, welche wir schon oben (S. 247 bis 281), wenn auch in kleinerem Maßstabe, als Hebungen und Senkungen des Bodens kennen gelernt haben? Und wie könnten wir eine einfachere und natürlichere Erklärung für jene, in grauer Vorzeit statt gefundenen abwechselnden Submersionen und Emersionen suchen und finden wollen, als diejenige, welche uns die gleichartigen Erscheinungen der Gegenwart und der sich unmittelbar anschließenden Vergangenheit darbieten? Dieselben Ursachen , welche jetzt noch den merkwürdigen Mechanismus einer bald steigenden bald sinkenden Bewegung der Erdveste vermitteln, dieselben Ursachen werden wohl auch in früheren geologischen Perioden wirksam gewesen sein: wenn wir uns auch nicht verbergen können, dass sie damals eine weit größere Energie betätigt und nach einem weit größerem Maßstabe gearbeitet haben, als gegenwärtig *1).

Also teils säkulare [lange andauernd], teils instantane Emportreibenden und Senkungen größerer oder kleinerer Teile der festen Erdkruste werden zu allen Zeiten mit einander abgewechselt, und dadurch jenen manchfaltigen Wechsel in der Lage des Meeresspiegels und in der Wasserbedeckung  bald dieser bald jener Regionen herbeigeführt haben, dessen Wirklichkeit durch zahllose Tatsachen verbürgt wird.

Es ist möglich, dass die Oberfläche der Erdveste einstmals in ihrer ganzen Ausdehnung gleichmäßig von den Gewässern des Ozeans überflutet war, und wir können einen solchen Zustand wenigstens voraussetzen, um einen Ausgangspunkt für unsere Betrachtung zu gewinnen. Denken wir uns nun, dass damals große Regionen der Erdveste einer säkularen Senkung unterlagen, so musste das Meer dort tiefer werden, wodurch notwendig andere Regionen anfangs in seichtere Meeresteile, und endlich, bei fortwährender Vertiefung der ersteren, in Land verwandelt wurden.

Allein, wie noch gegenwärtig einzelne Regionen im Steigen begriffen sind, während andere einer Senkung unterliegen, so wird dies auch damals der Fall gewesen sein, und man begreift, wie durch den gleichzeitigen Einfluss beider Bewegungen in verschiedenen Regionen, einesteils die Ausbildung von tiefen Meeren, andernteils die Ausbildung von Kontinenten bewirkt werden musste, welche letztere teils nur als flache Anschwellungen über den Meeresspiegel hervortauchen, teils aber auch, besonders in ihren zentralen Gegenden, zu bedeutenden Plateaus aufstiegen.

Die auf solche Weise gebildeten Kontinente und Meere werden vielleicht durch Myriaden von Jahren fortbestanden haben, während welcher auf der Oberfläche der ersteren die Landgewässer in Wirksamkeit gelangten, auf dem Grunde der letzteren aber die Bildung von Sand - und Schlammschichten vor sich ging, in welchen die Überreste zahlloser Generationen von Meerestieren eingeschlossen wurden; bis endlich da und dort säkulare Bewegungen im entgegengesetzten Sinne eintraten, durch welche große Regionen des bisherigen Landes in Meeresgrund, und dafür große Regionen des bisherigen Meeresgrundes in Land verwandelt wurden.

So entstand denn eine neue Verteilung von Wasser und Land; und denken wir uns, dass sich ähnliche Wechsel im Laufe der Zeiten verschiedentlich wiederholt haben, so begreifen wir, wie eine und dieselben Region der Erdveste nach und nach mit verschiedenen marinen Ablagerungen bedeckt werden konnte, welche aus ganz verschiedenen Perioden stammen, und durch Bildungen anderer Art von einander abgesondert werden.

Die allgemeine Empordrängung eines größeren Teiles der Erdkruste wird aber nicht nur mit einer starken Spannung desselben verbunden gewesen sein, sondern auch eine wirkliche Ausdehnung in horizontaler Richtung bewirkt haben, wodurch bald hier bald dort Rupturen veranlasst werden konnten, welche ein höheres Aufsteigen einzelner Theile des Hebungsfeldes, und somit die Bildung von Plateaus und von Stufenländern zur Folge hatten. Dergleichen an Spaltenrändern hin erfolgte Hebungen können auch ruckweise erfolgt sein; wie denn überhaupt die langsam wirkenden säkularen Bewegungen nicht selten durch instantane stärkere Bewegungen unterbrochen und in ihren Wirkungen unterstützt worden sein mögen.

Dass auch da, wo ein Hebungsgebiet an ein Senkungsgebiet angrenzte, sehr leicht Spaltungen und Zerreißungen der Erdkruste eintreten mussten, und dass dann längs des Spalten-randes eine stärkere Emportreibung des Hebungsgebietes erfolgen konnte, dies ist einleuchtend; und so erklärt es sich, wie die Kontinente zu jeder Zeit bald an diesem, bald an jenem Teile ihrer Concours mit schroffen Küsten aus dem Meere heraufstiegen, während sie anderwärts ganz allmählich in den Meeresgrund verliefen*2).

Die gegenwärtige Verteilung von Wasser und Land, deren Bild uns die Erdgloben oder die Charten beider Hemisphären vorführen, ist als das Werk der letzten Ereignisse dieser Art zu betrachten. Seit Jahrtausenden mag dieses Bild in seinen allgemeinen Umrissen eine gewisse Stabilität behauptet haben, und auf Jahrtausende hinaus dürfte ihm wohl auch diese Stabilität noch gesichert sein. Allein, wie schon an einzelnen Küsten vor unseren Augen mehr oder weniger auffällige Veränderungen im Gange sind, so wird auch dereinst eine Zeit kommen, da sich in dem Bilde beider Hemisphären wesentlich andere Contour-Formen der Kontinente herausstellen, als gegenwärtig. Indessen dürfen wir es nicht übersehen, dass die Stabilität der Erdkruste und die Widerstandsfähigkeit ihrer einzelnen Theile dermalen weit grösser ist, als sie es in früheren Zeiten war, weil sie im Laufe der Zeiten durch die an ihrer Innenseite fortgehende Erstarrung beständig an Dicke zugenommen hat.

Während daher in den frühesten geologischen Perioden die damals schwächere Erdkruste den gegen sie gerichteten Angriffen der plutonischen Kräfte leichter nachgeben musste, so wird dies in den späteren Perioden immer schwieriger der Fall gewesen sein, und auch gegenwärtig schwerer gelingen, als in der zuletzt verflossenen Periode*3). Dazu kommt, dass die Vulkane, diese eigentümlichen Apparate, welche sich zu der Erdkruste in der Tat ebenso verhalten, wie die Sicherheitsventile zu einem Dampfkessel, erst in den neueren geologischen Perioden zur Ausbildung gekommen zu sein scheinen, so dass der Erdveste in ihrer dermaligen [jetzigen] Ausbildung eine weit größere Stabilität gesichert sein dürfte, als dies in irgend einer der früheren Perioden der Fall war *4).

Im Allgemeinen ist also die Bildung der Kontinente zu allen Zeiten das Werk jenes Mechanismus der Natur gewesen, welchen Humboldt so treffend als das Resultat der Reaktion des noch flüssigen Innern unsers Planeten gegen die starre Kruste desselben bezeichnet hat; eine Reaktion, welche sich allerdings in den verschiedenen Stadien der Abkühlung dieser Kruste verschiedentlich äußern musste. Doch glauben wir nicht, dass die säkulare Abkühlung allein, namentlich in den späteren Stadien der Ausbildung unserer Erdkruste, hinreichend gewesen sei, um eine so bedeutende Kapazitäts-Verminderung derselben hervorzubringen, wie sie für die Oszillationen im Stande ihrer Oberfläche und namentlich auch für die nachher zu besprechenden Erhebungen großer Gebirgsketten vorausgesetzt werden muss; obgleich jene Oszillationen und diese Erhebungen im Vergleich zu den Dimensionen des ganzen Erdballs als sehr geringfügige Bewegungen anzusehen sind.

Vielmehr scheint uns die, schon von Anderen ausgesprochene und oben S. 289 adoptierte Ansicht zu Hilfe genommen werden zu müssen, dass der an der Innenseite der Erdkruste ganz langsam fortgehende Erstarrungsprozess, also die Umwandlung von stark komprimierten flüssigen Massen in starre Körper, einen weit größeren Einfluss ausgeübt habe. Hopkins stellte theoretische Untersuchungen über die Wirkungsart der plutonischen Druckkräfte gegen die Erdkruste an*5), und gelangte dadurch zu dem Resultate, dass gewöhnlich zwei sich rechtwinkelig kreuzende Systeme von parallelen Spalten entstehen müssen; ein Resultat, welches auch Rozet bestätigt *6).

Dies würde es erklären, warum sich die Küstenlinien der Kontinente (sofern sie durch Steilküsten bezeichnet sind) so häufig unter fast rechten Winkeln schneiden (S. 316). Die Ansicht, dass sich jede durch die Säkular- Kontraktion bewirkte Senkung oder Hebung in einem größten Kreise über die ganze Erdveste ausdehnen müsse*7), geht wohl zu weit, da sie eine solche Homogenität und eine so völlige Gleichheit der Dicke und der Widerstandsfähigkeit der Erdkruste in allen ihren Teilen voraussetzt, wie sie unmöglich zugestanden werden kann. Deluc, Prevost und Dana wollen die ganze Bildung des Landes und seiner Gebirge fast nur durch Senkungen der Erdkruste erklären, so dass das Aufsteigen des Landes lediglich als ein relatives, als ein Zurückbleiben desselben über dem gesunkenen Meeresgründe zu betrachten wäre. *8)
 
Auch glaubt Dana, dass die ersten Senkungsfelder eine kreisförmige oder elliptische Form gehabt haben, und überhaupt den großen Kratern der Mondoberfläche ähnlich gewesen sind; was sich freilich weder beweisen noch widerlegen lässt.

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Fußnoten:
*1) Es sind also in der Tat lediglich noch jetzt wirksame Ursachen (causes actuelles), welche wir in Anspruch nehmen. Dass wir aber diesen Ursachen in früheren Zeiten oder auch periodisch eine stärkere Wirkung zuschreiben, dies wird wohl durch die veränderliche Beschaffenheit des Gegenstandes ihrer Wirksamkeit gerechtfertigt. Lyell und Andere sind der gegenteiligen Ansicht, und Omalius d’Halloy sagt mit Recht, dass diese Ansicht auf viele Geister eine Art von Tyrannei ausübe. Aber eben so fragt er mit Recht, ob solche Ansicht nicht häufig auf einer bloßen Hypothese beruht, und ob man wirklich glauben könne, dass die Erde von jeher so beschaffen war, wie heutzutage. Gewiss nicht, antwortet er, denn sonst könnte sie nicht das sein, was sie eben jetzt ist. Bull, de la soc. geol., 2. Serie, t. 1F, 1847, p. 531.

*2) Dana legt ein ganz vorzügliches Gewicht auf die Wirkungen, die an den Grenzen der Senkungsfelder stattfanden, und scheint die Gebirgsketten lediglich aus diesen Wirkungen erklären zu wollen.

*3) So sagte schon Leibniz in seiner Protogaea, §. IV: Facies teneri ad. huc orbis saepe novata est; donec quiescentibus causis atque aequilibratis, con- sistentior emergeret Status rerum.  

*4) Marcel de Serres in der Einleitung zu seiner Geognosie des terrains tertiaires, Montpellier,1829; Firlet, im Bull. de la soc. geol., t.FI, 1834, p. 215.

*5) Hopkins hat in den Cambridge Philosophical Transactions, unter dem Titel Researches in Physical Geology, eine Reihe höchst wichtiger theoretischer Untersuchungen über die Beschaffenheit und die Verhältnisse des Erdinnern und der Erdkruste, und über die Wirkungsart der abyssodynamischen Kräfte geliefert, wobei denn auch die Theorie der Erhebung der Kontinente und Gebirge auf mechanische Prinzipien zurückgeführt wird. Der einfachste Fall einer Erhebung der Erdkruste ist nach ihm derjenige, wo sich die erhebende Kraft auf einen Punkt, oder auf eine Fläche von beschränkter Ausdehnung konzentriert. Die Erhebung wird dann kreisförmig erfolgen und einen Erhebungskrater oder Erhebungscircus bilden, aus dessen Mittelpunkte mehre Spalten strahlenförmig auslaufen, welche trianguläre Segmente zwischen sich Einschließen, die alle nach der Mitte zu aufsteigen und eine zentrale Depression umgeben, wie solche teils durch die Erhebung, teils durch den Einsturz der Spitzen dieser Segmente entstehen musste.
Die Theorie dieser Erhebungskratere ist übrigens schon früher sehr scharfsinnig und ausführlich von Elie de Beaumont entwickelt worden; (Memoires pour servir a une descr. geol. de la France, III, p. 193 ff. und IF, p. 97 ff.). Eine zweite Art der Erhebung ist die, wo die erbebenden Kräfte einen großen Landstrich oder eine lange und breite Zone der Erdkruste in Angriff nahmen. In einem solchen Falle musste während der ganzen Dauer der Wirksamkeit dieser Kräfte der betreffende Landstrich einer Spannung oder Streckung unterliegen, welche endlich Rupturen oder Spaltungen desselben zur Folge hatte. Hopkins beweist nun aus den Gesetzen der Mechanik, dass jene Spannung allemal nach zwei Richtungen ein Maximum ihrer Intensität erreichen musste, von welchen die eine der Länge, die andere der Breite des Erhebungsfeldes entspricht, daher denn auch gewöhnlich zwei Systeme sich recht-winklig kreuzender Spalten gebildet wurden, deren jedes aus mehreren parallelen Spalten besteht, an deren gleichzeitiger Ausbildung nicht gezweifelt werden kann. Übrigens glaubt Hopkins beweisen zu können, dass diese Spaltenbildung stets an der Innenseite der Erdkruste ihren Anfang nahm, und von dort aus aufwärts fortschritt, bis sie endlich die Oberfläche erreichte. In seiner neuesten Abhandlung über die Architektur des Erhebungsfeldes der Wealdeoformation zeigt er endlich, welchen wesentlichen Einfluss die geo-tektonischen Verhältnisse des erhobenen Distriktes auf den Verlauf der Spalten ausüben mussten, und wie durch sie der von der Theorie geforderte geradlinige und parallele Verlauf eines und desselben Spaltensystems manchen Perturbationen unterliegen konnte.

*6) In seinem Memoire sur les irregularites que presente la structure du globe terrestre, in den Stern, de la soc. geol., 2. Serie, t. I, 1844.

*7) Frapolli, in Poggend. Ann., Bd. 69, 1846, S. 481.

*8) Prevost, in Bull, de la soc. geol., t. XI, p. 183 ff. und Dana, in The Amer. Journ. of sc., 2. series, t. III, p. 177.

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Literatur Picto

Perfiles corteza terrestre:
Corte corteza  (B. von Cotta, 1849)
Perfil corteza (Rossmässler, 1863)
Corte corteza (Siegmund, 1877)
Perfil corteza tierra (Polack, 1892)
Interior tierra (Neumayr, 1897)
Texto: Interior la tierra (Naumann, 1850)
Modelo tierra (Neumayr, 1897)
Coeficiente geotérmico (Fritsch, 1888)
Texto: Alturas de la tierra (Credner, 1891)
Distribución alturas (Kayser, 1912)
Formación tierra firme (Naumann, 1850)
Texto: Formación montañas (Naumann, 1850)
Texto: Procesos orogéneticos (Credner, 1891)

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El libro se digitalizo con camera fotográfica Pentax KRII, OCR, un mejoramiento para PDF se realizo con ABBYY fine Reader [versión 14]. Las hojas finalmente se preparó con Corel Photo Paint para PDF.
Los textos en alemán se adaptó a una ortografía actual.

Extracto del libro Geognosia de Carl Friedrich Naumann (1850):

Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 1; 1000 páginas, 306 figuras, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig
Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 2; 1222 páginas, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig. (Colección W. Griem)

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Publicado: 22.6.2019; actualizado: 22.6.2019
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