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Historia de las geociencias y geología

Naumann, C. (1850): Formación de las montañas

Trabajos históricos
W.Griem, 2019

Naumann, 1850
Formación de las  montañas

español - deutsch


Cráteres de elevación - Ergebungskrater nach Beudant, 1844

Cráter de elevación (Beudant, 1844): El concepto de cráteres de elevación o cráteres de alzamiento [Erhebungs Krater en alemán] una forma para explicar alzamientos sin usar mucho la tectónica. Pero Naumann, 1850 indicó que las fuerzas "abisodinámicas" siempre juegan un papel importante.



Discordancia de la Beche, 1852

De La Beche, 1852: Discordancia como evidencia de movimientos tectónicos verticales en fases. [véase figura en grande con texto: Alzamiento tectónico de la costa de Inglaterra (Beche, 1852)]



Naumann, 1850 al primero diferencia entre entre elevaciones de tipo erupción y de tipo dinámica.
Entonces cordilleras con rocas ígneas  predominantes y montañas de origen tectónico.
Hoy día podríamos indicar que los primeros tienen una relación con subducción, los últimos de colisión entre continentes.

Ojo: No se usó en aquella época bien la palabra "eruptivo" parece que igual lo usaban para rocas intrusivas - entonces sería mas como "ígneo" actualmente.

De toda manera Naumann, 1850 postuló la presencia de una ruptura en la corteza terrestre para formar montañas.

También llama atención de la diferenciación entre cadenas montañosas (rectas) y Montañas circulares o de muralla. [Wallgebirge, Ringgebirge]

La idea principal en está época era la contracción de la tierra - pero ya argumentan que no es tan fácil aplicar eso en la formación de montañas

La "abisodinámica" -las fuerzas tectónicas del interior de la tierra son en todos casos un factor importante. Aunque algunos autores interpretan un origen completo de las cadenas montañosas por magmas ascendientes. Naumann, 1850 niega que eso es el factor único: Siempre debe ser asociado con la "abisodinámica", según él.

Lo otro que llamó atención:
Una contracción de la tierra por causas del enfriamiento debe formar cerros del comienzo de la tierra. Naumann y otros indican que existen este cerros, pero la mayoría ser formo en forma "instantánea".  Es decir son más joven. Pero indican que la palabra instantánea no es tan correcta, porque se  puede diferenciar fases de formación de montañas pero fases dentro de una época definida y corta.


Cuadro Informativo

Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 1; 1000 páginas, 306 figuras, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig
Página 400- 404

Texto en español, Naumann (1850) - p.400 - 404:

Formas de los continentes y de las montañas
§134. Formación de las cadenas montañosas.


Aunque el capítulo anterior nos enseña sobre el origen general de los continentes y los océanos, la formación de cordilleras y mesetas parece requerir una explicación especial. Sin embargo, debemos tener en cuenta que esto no es en absoluto una cuestión de cómo surgió el material de las cordilleras, sino sólo de cómo las masas de ellas llegaron a su lugar actual, más o menos elevada *1).

Se supone en general que el material de las cordilleras existe de forma preexistente según sus rocas y asociaciones, y sólo en el caso de volcanes y formaciones montañosas similares por su origen en su forma importa la pregunta  del origen del material *2). Por lo tanto, con Studer también se pueden distinguir las cadenas montañosas como cadenas de erupción y cadenas dinámicas (cadenas de elevación), dependiendo de si fueron formadas por la elevación de masas rocosas eruptivas recién formadas in situ o por una elevación dinámica de la corteza terrestre exterior ya existente *3).

Las mesetas más grandes, especialmente las en el centro de los continentes, parecen haber sido creadas al mismo tiempo que la tierra y son por lo tanto productos esenciales de la elevación secular, lenta. Podrían corresponder a aquellas regiones de la corteza terrestre contra las que se concentraba preferentemente el efecto de la presión interna, o que ofrecían la menor resistencia, por lo que eran empujadas más arriba que las regiones vecinas, y que indican el máximo de la elevación. Las antiguas líneas de playa en las costas de los continentes a menudo muestran una elevación significativamente mayor hacia el interior, lo que demuestra que los últimos levantamientos de los países actuales también han tenido un efecto más fuerte en su interior que en las costas marítimas.

Hay que suponer que este fue más o menos el caso de la formación de todos los continentes, lo que puede explicar la aparición de grandes mesetas y áreas elevados en su interior. En mesetas de este tipo, que caen con terrenos altos o a través de terrazas escalonadas hacia el terreno al lado o hacia el nivel del mar, la elevación secular, lenta general podría haber estado asociado con elevaciones parciales instantáneas, en las que cada escalón de la meseta corresponde a una línea de fractura, en un lado de la cual tuvo lugar la elevación a un nivel superior.

En cuanto a las cadenas montañosas o sierras, su primera formación presupone siempre una elevación lineal o zonal, que se produce en el centro o también en el borde de una zona ascendente. Pero cualquier elevación lineal de este tipo debe, por regla general, haber estado precedida por una ruptura de la corteza terrestre, o una división de la misma en todo su grosor *4).
Dado que las fisuras suelen tener un curso bastante lineal, es comprensible el curso similar de la mayoría de las cadenas montañosas. Sin embargo, la forma general de una cadena montañosa será sustancialmente diferente, dependiendo de la forma en que se produjo la elevación después de la división. Si sólo se empujara hacia arriba la parte de la corteza terrestre adyacente a un lado de la fisura, el resultado sería una cadena montañosa de muralla [Wallgebirge] con pendientes empinadas y estrechas en un lado y pendientes planas y anchas en el otro.

Si, por otro lado, ambos bordes de la fractura se separaban y ascendían al mismo tiempo (mientras que quizás al mismo tiempo se empujaba hacia arriba el material líquido fundido del interior de la tierra), se creaba una cadena que tiene una diferencia menor en la anchura y la inclinación de sus dos lados laterales. Si se empujaba una zona que subía entre dos o más fracturas bien paralelas, se creaba una meseta alargada o también un sistema de cadenas montañosas paralelas. Por cierto, algunas cadenas montañosas también pueden haber sido formadas por el hecho de que una depresión unilateral de la corteza terrestre ocurrió a lo largo de una fisura, en la que se formaron diferencias de nivel relativas, lo que hace que la parte de la corteza terrestre que permanece en el nivel superior aparezca hacia atrás en forma de montaña.

Para la explicación de la montañas circulares [Ringgebirge] (p. 380) y de los cráteres de elevación no volcánicos no hay otra interpretación que la de la acción de la presión abisodinámica, o también la de la incapacidad de la corteza terrestre para resistir en un espacio especialmente pequeño de límite circular o elíptico (*[falta]).

En cuanto a la pregunta de la naturaleza de elevación por la que se formaron las cordilleras, es posible que tuviera más el carácter de un movimiento instantáneo que de un movimiento secular, lento. Esto no quiere decir, sin embargo, que cada cordillera se haya elevado con un tirón (d'un seul jet) hasta la altura total de su actual ascenso. Por el contrario, es mucho más probable que se hayan producido sucesivas y repetidas etapas de elevaciones, por lo que la mayoría de las cordilleras no deben ser consideradas como obra de un solo acto de elevación, aunque éste pueda ser concedido para algunas cordilleras.

Una investigación más detallada ciertamente revelará evidencia en la mayoría de las montañas de que han alcanzado su altura actual a través de repetidas elevaciones. Por cierto, no se puede asumir que cada levantamiento tomó la cadena en su totalidad o que, si lo hizo, la fuerza de levantamiento tuvo el mismo efecto en todas partes. Toda la frecuencia de aparición de las montañas y la naturaleza de los acontecimientos que fueron participantes en su formación nos señalan más bien el hecho de que a veces se produjeron elevaciones parciales y generalmente desiguales.

En general, se puede suponer que convulsiones tan violentas como los alzamientos de las cadenas montañosas causaron fallas tectónicas y dislocaciones bien significativas en los depósitos más altos de la corteza terrestre a ambos lados del eje de elevación, que dichos depósitos tuvieron que sufrir desplazamientos y desgarros, rupturas y caídas, deformaciones y pliegues en algunos de sus partes. Más adelante también aprenderemos más sobre los diversos efectos de las dislocaciones en la estructura interna de las montañas.

Las fisuras a lo largo de las cuales se han levantado las cordilleras han abierto en muchos casos el camino a la superficie de la tierra para el material líquido ardiente del interior de la tierra; lo cual también es muy comprensible, ya que fue la presión de este líquido de la tierra interior causó el levantamiento parcial de la corteza terrestre. Por esta razón, muy a menudo encontramos poderosos depósitos de tales rocas a los pies o en el eje central de las cordilleras, que según todas sus circunstancias pueden ser reconocidos como descendientes de las profundidades de la tierra, como verdaderas rocas de erupción. Pero este no es el caso en todas las montañas, y menos aún podemos creer que la erupción de alguna roca en particular, o incluso la tendencia a la erupción de alguna roca en particular, ha elevado a todas las cadenas montañosas.

El alzamiento fue el resultado del conflicto entre la corteza terrestre y su interior, un efecto de las fuerzas abisodinámicas, que, sin embargo, puede presentarse como una tendencia a hacer erupción de material líquido ardiente, sin que en todos los casos haya ocurrido una verdadera erupción. Así como las elevaciones seculares [lentas] de los continentes, de estas grandes elevaciones de la corteza terrestre, ciertamente han tenido lugar a menudo sin alguna erupción, esto también habrá sido el caso con las alzamientos más instantáneas de muchas cadenas montañosas.

Sin embargo, las fisuras en la corteza terrestre que ocurrieron durante la formación de las cordilleras pre-formaron el camino para erupciones posteriores y darán lugar al hecho de que en su lugar el material líquido ardiente del interior de la tierra podría ser expulsado más fácilmente que en otros lugares donde la conexión de la corteza terrestre aún no había sido interrumpida en absoluto *5).
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*1) Heim, Geol. Beschr. des Thüringer Waldgebirges, Tb. III, 1812, S. 194.
El autor de este libro, lamentablemente poco inconfortablemente editado, con excelentes y ricas observaciones y anotaciones, véase  p. 185-215 como un ingenioso y feliz defensor de las ideas de Saussüre.

*2) Las montañas y cordilleras submarinas, que están formadas por los animales coralinos, serían, sin embargo, en este sentido, para ser colocados en una categoría con los volcanes; pero como estamos tratando aquí primero con las montañas de la tierra firme, como esas masas de coral sólo pueden aparecer cuando el fondo marino que las albergó ha iniciado la emersión, podemos abstraernos de este tipo de montañas por el momento.

*3)Studer, Lehrb. der phys. Geogr., II, S. 209. Pero hay que mencionar que Studer no asocia la palabra cadena con el mismo término, que es usualmente y aquí también llamado cordillera.

*4) II faut bien distinguer les chatnes de montagnes des bombements du globe, dont elles occupent toujours (?) le sommet; ce sont des parlies de ces mdmes bom-bemenls, ou la croille terrestre s'itant crevassie, les debris en ont ete fortement inclinis etc. Rozel, io Mim. de la soc. geol., 2. serie, I, p. 48.

*5) Por lo tanto, debemos estar de acuerdo, al menos parcialmente, con la opinión de Constant Prevost:  Que les matteres ignies (granites, porphyres, basaltes, laves etc.) loin d'avoir soulevi et rompu le solpour s'echapper, ont seulement profi ti des solutions de conttnuiti, qui leur ont ete offertes par le retrait et les ruptures, pour sorttr et s'epancher au dehors. Bull, de la soc. geol., XI, p. 186. En un sentido bien parecido se pronuncia Frapolli, de Poggend. Ann., Bd. 69, S. 491.

Crater de alzamiento de Beudant, 1844

Originaltext in Deutsch, Naumann (1850):
p. 400-404

III. Entstehung der Kontinente und Gebirge.
§. 134. Bildung der Gebirgsketten.



Wenn uns auch der vorhergehende Paragraph über die allgemeine Entstehung der Kontinente und Meere belehrt, so scheint doch die Ausbildung der Gebirgsketten und Plateaus noch eine besondere Erklärung zu bedürfen. Dabei müssen wir aber bemerken, dass es sich hier durchaus nicht um die Frage handelt, wie das Material der Gebirgsketten entstanden ist, sondern lediglich darum, wie die Massen derselben zu ihrer gegenwärtigen, mehr oder weniger hoch aufragenden Form gelangt sind *1).

Das Material der Gebirgsketten setzen wir in der Regel nach seinem Bestände und Verbände als präexistierend voraus, und nur bei den Vulkanen und bei ähnlichen Gebirgsbildungen fällt die Frage nach der Entstehung der Form mit der Frage nach der Entstehung des Materials zusammen *2). Daher könnte man auch mit Studer die Gebirgsketten überhaupt als Eruptionsketten und dynamische Ketten (Hebungsketten) unterscheiden, je nachdem sie durch die an Ort und Stelle erfolgte Auftürmung von neu gebildeten eruptiven Gesteinsmassen, oder durch eine dynamische Emportreibung der bereits existierenden äußeren Erdkruste gebildet worden sind *3).

Die größeren und besonders die mitten in den Kontinenten liegenden Plateaus scheinen zugleich mit dem Lande entstanden und daher wesentlich Produkte der säkularen Erhebung zu sein. Sie dürften denjenigen Regionen der Erdkruste entsprechen, gegen welche sich die Wirkung des inneren Druckes vorzugsweise konzentrierte, oder welche den geringsten Widerstand leisteten, daher sie höher aufwärts gedrängt wurden, als die angrenzenden Regionen, und das Maximum der Anschwellung bezeichnen. Die alten Strandlinien an den Küsten der Kontinente zeigen ja nicht selten landeinwärts ein bedeutend höheres Ansteigen, und liefern somit den Beweis, dass auch die letzten Hebungen der gegenwärtigen Länder im Innern derselben stärker gewirkt haben, als an den Meeresküsten.

Es ist vorauszusetzen, dass dies bei der Bildung aller Kontinente mehr oder weniger der Fall gewesen sei, wodurch sich die Entstehung großer Tafelländer und Plateaus in ihrem Innern erklären dürfte. Bei solchen Plateaus, welche mit hohen Terrainstufen oder auch durch terrassenförmige Stufenländer in das angrenzende Land oder in den Meeresspiegel abfallen, dürfte die allgemeine säkulare Erhebung mit partiellen instantanen Erhebungen verbunden gewesen sein, indem jede Plateaustufe einer Frakturlinie entspricht, auf deren einer Seite die Emportreibung in ein höheres Niveau stattfand.

Was die Gebirgsketten betrifft, so setzt ihre erste Anlage allemal eine lineare oder zonare Erhebung voraus, welche sich in der Mitte oder auch am Rande eines aufgestiegenen Landstriches ereignete. Jeder solchen linearen Erhebung muss aber wohl in der Regel eine Ruptur der Erdkruste, oder eine Spaltung derselben in ihrer ganzen Mächtigkeit vorausgegangen sein *4).
Da nun Spalten gewöhnlich einen ziemlich geradlinigen Verlauf haben, so ist der ähnliche Verlauf der meisten Gebirgsketten begreiflich. Die allgemeine Form einer Gebirgskette wird aber eine wesentlich verschiedene sein, je nachdem die nach der Spaltung eingetretene Erhebung auf die eine oder die andere Weise erfolgte. Wurde nur der an der einen Seite der Spalte anliegende Teil der Erdkruste aufwärts gedrängt, so entstand ein Wallgebirge mit steilem und schmalem Abfall auf der einen, mit flachem und breitem Abfall auf der anderen Seite.

Wurden dagegen beide Spaltenränder auseinander und zugleich aufwärts getrieben (während vielleicht gleichzeitig feurigflüssigen Materials des Erdinnern heraufdrang) so entstand eine Kette, welche eine geringere Verschiedenheit in der Breite und Steilheit ihrer beiden Seitenabfälle besitzt. Wurde eine zwischen zwei oder mehreren, ziemlich parallelen Spalten hinlaufende Zone aufwärts gedrängt, so entstand ein langgestrecktes Plateau oder auch ein System von Parallelketten. Übrigens können auch manche Gebirgsketten dadurch entstanden sein, dass längs einer Spalte eine einseitige Senkung der Erdkruste eintrat, wodurch relative Niveaudifferenzen ausgebildet wurden, welche den in dem höheren Niveau verharrenden Teil der Erdkruste in der Form eines Gebirges rückständig erscheinen lassen.

Für die Erklärung der Ringgebirge (S. 380) und der nicht vulkanischen Erhebungskrater bietet sich kaum eine andere Vorstellung dar, als dass sich entweder die Wirksamkeit des abyssodynamischen Druckes, oder auch die Widerstands-Unfähigkeit der Erdkruste auf einen kleineren Raum von kreisförmiger oder elliptischer Begrenzung konzentrierte (* [fehlt]).

Was die Modalität der Erhebung betrifft, durch welche die Gebirgsketten gebildet wurden, so dürfte sie wohl in der Regel mehr den Charakter einer instantanen, als den einer säkularen Bewegung gehabt haben. Damit soll aber durchaus nicht gesagt werden, dass jede Gebirgskette mit einem Rucke (d’un seul jet) bis zu der ganzen Höhe ihres gegenwärtigen Aufragens emporgestiegen sei. Im Gegenteil ist es viel wahrscheinlicher, dass sukzessiv mehre wiederholte Hebungen stattgefunden haben, und dass also die meisten Gebirgsketten nicht als das Werk eines einmaligen Erhebungsaktes zu betrachten sind, wenn solches auch für einige Gebirgsketten zugestanden werden mag.

Eine genauere Untersuchung wird gewiss in den meisten Gebirgen die Beweise dafür auffinden lassen, dass sie durch mehrmalige Hebungen zu ihrer gegenwärtigen Höhe gelangten. Übrigens ist keineswegs vorauszusetzen, dass jede einzelne Hebung die Kette in ihrer ganzen Ausdehnung ergriffen habe, oder dass, wenn solches der Fall war, die erhebende Kraft überall denselben Effekt ausgeübt habe. Die ganze Erscheinungsweise der Gebirge und die Natur der bei ihrer Bildung wirksam gewesenen Ereignisse verweisen uns vielmehr darauf, dass bisweilen partielle, und gewöhnlich ungleichmäßige Hebungen stattgefunden haben.

Dass bei so gewaltsamen Konvulsionen, wie es die Erhebungen der Gebirgsketten waren, die zu beiden Seiten der Erhebungs-Achse liegenden obersten Ablagerungen der Erdkruste sehr bedeutende Störungen und Dislokationen erfahren, dass solche in ihren einzelnen Teilen Verschiebungen und Zerreißungen, Aufstauungen und Stürzungen, Biegungen und Faltungen erleiden mussten, dies lässt sich schon im Allgemeinen voraussetzen. Auch werden wir später diese mancherlei Wirkungen der Dislokationen auf die innere Struktur der Gebirge genauer kennen lernen.

Die Spalten, längs welcher die Gebirgsketten heraufgestiegen sind, haben in vielen Fällen dem feurigflüssigen Materiale des Erdinnern den Ausweg an die Erdoberfläche geöffnet; was auch sehr begreiflich ist, da es ja eigentlich der Druck dieses flüssigen Erdinnern war, durch welchen die partiellen Emportreibungen der Erdkruste bewirkt wurden. Daher finden wir denn auch sehr häufig am Fuße oder in der Axe der Gebirgsketten mächtige Ablagerungen von solchen Gesteinen, welche sich nach allen ihren Verhältnissen als Abkömmlinge aus der Tiefe der Erde, als wirkliche Eruptionsgesteine zu erkennen geben. Doch ist dies nicht bei allen Gebirgen der Fall, und noch weniger dürfen wir glauben, dass die Eruption irgendeines bestimmten Gesteins, oder dass auch nur die Tendenz eines bestimmten Gesteins zur Eruption alle Gebirgsketten gehoben habe.

Der Hebungsakt war das Resultat des Konfliktes zwischen der Erdkruste und dem Erdinnern, also eine Wirkung abyssodynamischer Kräfte, welche allerdings als eine Tendenz zur Eruption von feurigflüssigem Material vorgestellt werden kann, ohne dass es doch in allen Fällen zu einer wirklichen Eruption gekommen ist. So wie daher die säkularen Erhebungen der Kontinente, dieser größeren Anschwellungen der Erdkruste, gewiss häufig ohne alle Eruptionen vor sich gegangen sind, so wird dies auch bei den mehr instantanen Erhebungen vieler Gebirgsketten der Fall gewesen sein.

Wohl aber werden die bei der Bildung der Gebirgsketten entstandenen Spaltungen der Erdkruste für spätere Eruptionen den Weg gebahnt und die Veranlassung gegeben haben, dass an ihrer Stelle das feurigflüssige Material des Erdinnern leichter hervorgepresst werden konnte, als an anderen Stellen, wo der Zusammenhang der Erdkruste noch gar keine Unterbrechung erfahren hatte *5).


---
*1) Heim, Geol. Beschr. des Thüringer Waldgebirges, Tb. III, 1812, S. 194. Der Verf. dieses, wenn auch unbequem redigierten, so doch an genauen Beobachtungen und trefflichen Bemerkungen sehr reichen Werkes tritt a. a. 0. S. 185—215 als ein geistreicher und glücklicher Verfechter der Ideen Saussüre's auf.

*2) Die submarinen Berge und Höhenzüge, welche als solche durch die Korallen- Tiere gebildet werden, würden allerdings in dieser Hinsicht mit den Vulkanen in eine Kategorie zu stellen sein; da wir es aber hier zunächst mit den Gebirgen des Landes zu tun haben, als welche doch jene Korallenmassen erst dann erscheinen können, wenn der sie tragende Meeresgrund zur Emersion gelangt ist, so können wir einstweilen von ihnen abstrahieren.

*3)Studer, Lehrb. der phys. Geogr., II, S. 209. Doch ist zu erwähnen, dass Studer mit dem Worte Kette nicht denselben Begriff verbindet, welcher gewöhnlich und auch hier als Gebirgskette bezeichnet wird.  

*4) II faut bien distinguer les chatnes de montagnes des bombements du globe, dont elles occupent toujours (?) le sommet; ce sont des parlies de ces mdmes bom-bemenls, ou la croille terrestre s'itant crevassie, les debris en ont ete fortement inclinis etc. Rozel, io Mim. de la soc. geol., 2. serie, I, p. 48.

*5) Daher müssen wir wenigstens teilweise der Ansicht von Constant Prevost beistimmen: Que les matteres ignies (granites, porphyres, basaltes, laves etc.) loin d'avoir soulevi et rompu le solpour s'echapper, ont seulement profi ti des solutions de conttnuiti, qui leur ont ete offertes par le retrait et les ruptures, pour sorttr et s'epancher au dehors. Bull, de la soc. geol., XI, p. 186. In ähnlichem Sinne spricht sich Frapolli aus, in Poggend. Ann., Bd. 69, S. 491.


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Literatur Picto

Perfiles corteza terrestre:
Corte corteza  (B. von Cotta, 1849)
Perfil corteza (Rossmässler, 1863)
Corte corteza (Siegmund, 1877)
Perfil corteza tierra (Polack, 1892)
Interior tierra (Neumayr, 1897)
Texto: Interior la tierra (Naumann, 1850)
Modelo tierra (Neumayr, 1897)
Coeficiente geotérmico (Fritsch, 1888)
Texto: Alturas de la tierra (Credner, 1891)
Distribución alturas (Kayser, 1912)
Formación tierra firme (Naumann, 1850)
Texto: Formación montañas (Naumann, 1850)
Texto: Procesos orogéneticos (Credner, 1891)

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Extracto del libro Geognosia de Carl Friedrich Naumann (1850):

Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 1; 1000 páginas, 306 figuras, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig
Naumann, Carl Friedrich ( 1850): Lehrbuch der geognosie. - Vol. 2; 1222 páginas, Editorial Wilhelm Engelmann, Leipzig. (Colección W. Griem)

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