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Historia de las geociencias y de la minería

Texto: Definiciones, Depósito, mena  (Groddeck, 1879)

Trabajos históricos
W.Griem, 2019

Groddeck, 1879
Definiciones

español - deutsch


Groddeck: veta

Groddeck, 1879: Veta




Esquistos de Cobre, Kupferschiefer: Un depósito estratoligado en Europa central (Alemania y Polonia) es correctamente una lutita fuertemente mineralizada en cobre. Hasta la actualidad en Polonia existen minas para extraer cobre. [véase en Apuntes Depósitos Minerales]

La definición para "depósito" casi sigue hasta la actualidad. Hasta la discusión de la variabilidad económica o por mejoras técnicas del interés en un depósito es muy actual

 

Nombres de los minerales:
Siderita: Spateisenstein, Siderit
Cuprita: Rotkupfererz, Cuprit
Proustita: Rotgültigerz, Proustit
Galena: Bleiglanz
Esfalerita: Zinkblende
Óxidos de Zinc: Galmei (no se usa)

Interesante es que Groddeck ya usa la palabra "Bauxita" [usa: Beauxita] - la minería de aluminio no era bien desarrollada en 1879.

Groddeck afirma fuertemente que solamente la geología - o las ciencias son validadas realizar exploraciones serías o científicas: Es un rechazo a todas las metodologías como varilla adivinatoria [véase aquí] o péndulo que en algunos distritos todavía tenían su uso [no tanto en Europa, pero en las Américas].

Texto de Albrecht von Groddeck (1879)
Página 1- 4
Definiciones e introducción

Introducción
§ 1. En la mineralogía se llama los minerales metalíferos minerales de mena, por ejemplo, mineral de siderita [Spateisenstein], cuprita [Rotkupfererz, ], proustita [Rotgültigerz], galena etc. Se puede entender y definir el término, según su significado original, pero también técnicamente: La mena son minerales o mezclas de minerales, a partir de los cuales se pueden extraer metales de compuestos o metálicos puros a gran escala y de forma económicamente ventajosa.

Ambos puntos de vista están igualmente aceotados. En lo que sigue, la palabra mena se utilizará en dos sentidos, sin que se indique normalmente si se trata de un término mineralógico o técnico, ya que la aclaración viene desde el contexto.

Por lo tanto, los minerales en el sentido técnico no son cuerpos homogéneos como los minerales, sino todas aquellas masas metálicas que el minero extrae a la superficie para procesarlas posteriormente en las faenas de procesamiento y en las fundiciones. - Estas incluyen, por ejemplo, rocas que contienen fósiles metálicos (lutitas [esquistos] de cobre), así como todo tipo de minerales que están tan mezclados entre sí o dentro de rocas que tienen que ser extraídos juntos. (Cuarzo con oro macizo. - Calcita con calcopirita y esfalerita [blenda de zinc] - Galena con cuarzo y pizarra arcillosa.)

En la práctica minera, ciertos conjuntos de minerales que contienen metales también se denominan en forma especial, por ejemplo, todos los minerales de óxidos de zinc se denominan "galmei", fragmentos de roca redondeados cementados por capas minerales concéntricas (galena y cuarzo), minerales en forma anillo - sin azufre, en su mayoría polvorientos o terrosos, impuros, pero que contienen mezclas de óxidos metálicos, opacos, etc.

El mineral, en el sentido técnico, debe estar presente en grandes cantidades. - Un gránulo de calcopirita o un cristalito [kriställchen]  que ocasionalmente se convierte en roca puede ser tratado como mineral por el mineralogista, pero no por el técnico.

Dependiendo del valor del metal, el procesamiento a gran escala y económicamente ventajoso requiere un cierto contenido de mineral no inferior a un mínimo. - Por ejemplo, un [p.002] mineral que contenga hierro o una mezcla mineral que contenga menos del 20% de hierro difícilmente puede ser considerado como un mineral de hierro, mientras que ½ % plata da a una masa mineral el carácter de un mineral de plata muy valioso.

Por supuesto, el juicio sobre el valor de un mineral cambiará con el valor de los metales y el punto de vista respectivo de la técnica metalúrgica.

Es muy importante que al expandir el conocimiento químico y perfeccionar los procesos metalúrgicos, los minerales metalíferos se convierten en minerales que antes no merecían la atención del minero.

El cobalto y el níquel son garabatos insultantes que los antiguos mineros añadieron a los compuestos de cobalto y níquel con azufre, arsénico y antimonio (p. ej., cobre-níquel), ya que tuvieron que arrojarlos al botadero como si no valieran nada a pesar de su tentadora apariencia metálica, hasta que a finales del siglo XVI lograron utilizar los minerales de cobalto para la producción de esmalte. - El arte de obtener zinc metálico a partir de la esfalerita [blenda de zinc] se aprendió sólo a finales del siglo pasado, y a partir de ese momento la "blenda de zinc" entró en la categoría de las menas. Desde que Wöhler descubrió el aluminio y aprendió a extraer lo a gran escala, está justificado, en nuestra opinión, referirse a sustancias que contienen aluminio, como la arcilla, la bauxita y la criolita, como mena de aluminio.

El término mena está originalmente estrechamente asociado con la idea de usabilidad para la extracción de metales. - Por lo tanto, se puso común una extensión del término que no corresponde a este punto de vista estrictamente justificado, aunque en la práctica se aplicó, para denominar a los minerales que contienen azufre que pueden utilizarse para extraer el azufre sólido o el ácido sulfúrico, como las piritas y la marcasita, y los minerales de azufre.

§ 2. Los depósitos minerales se definen como la presencia de menas en sus forma natural, como partes del cuerpo de la tierra, deben aflorar directamente junto con las rocas o ser asociados en estas últimas como depósitos subordinados.

§ 3 La ciencia de los depósitos minerales forma parte de la geología y debe ser tratada según el con métodos científicos. - Cuanto más versátil sea el conocimiento geognóstico, más profunda será la visión geognóstica, y con mayor éxito terminan los estudios de los depósitos minerales.

Las observaciones exactas de los fenómenos que se observan en la minería de menas y la descripción fiel de los mismos en imágenes y palabras crean la base más importante de esta parte crucial de la geología. - Por lo tanto, nadie está más llamado a exigir el conocimiento de los depósitos minerales que el minero en terreno, que es el único capaz a reconocer la naturaleza frecuentemente cambiante de los depósitos minerales a través de observaciones diarias.

Una visita única a una mina no suele ser suficiente para aprender y comprender el depósito en producción. Las observaciones deberán ser lo más variadas posible y abarcar el comportamiento espacial de los depósitos, su relación con la roca de caja, las características de ésta, el carácter mineralógico del yacimiento, la forma en que se producen los minerales uno al lado del otro y por encima del otro, y mucho más....

Cuanto más se abren los depósitos por la minería, mejor es la oportunidad para tales observaciones. - Lamentablemente, a menudo se ha perdido esta oportunidad, especialmente en épocas anteriores. - Los piques se han derrumbado y muchos de los afloramientos más importantes están cerrados para siempre; una advertencia a todas las personas para asegurar que no se pierdan estos elementos básicos de la ciencia.

El objetivo final del estudio de los yacimientos minerales es obtener una visión clara de su historia y su formación. - Cuanto más incompleto sea nuestro conocimiento de los depósitos, más lejano estaría nuestro objetivo a entender el área, solamente con el conocimiento más completo se logra con mayor profundidades de observación. - La comprensión de la génesis de los depósitos, como cualquier conocimiento científico, debe ser un fin en sí mismo, pero no se debe olvidar que sólo esto permite al minero llevar a cabo la exploración y la investigación de los depósitos de una manera perfectamente racional. Los éxitos de un empirismo a menudo aplicado, por un lado, y la convicción, por otro, de que todavía estamos muy lejos de la meta esperada, no se debe entender equivocada; la verdad de la frase de que exclusivamente la ciencia geognóstica puede servir al minero como guía en la exploración e investigación de los depósitos.



§ 4. Clasificación.

1. una de las tareas más importantes es conocer las condiciones espaciales de los depósitos de mena y su relación con las rocas de caja. - Este es el tema de la primera sección de la teoría de depósito minerales.

2. La segunda sección trata del contenido en general y su contenidos en minerales y rocas de los depósitos minerales y su relaciones entre si. [p. 4]

3. La tercera sección ofrece una descripción sistemática de todos los tipos de depósitos de menas y, por lo tanto, ofrece una visión general de toda el área.

4. La cuarta sección trata de la teoría de la génesis de los depósitos de menas en su contexto. No se puede evitar entrelazar consideraciones genéticas en la presentación de las tres primeras secciones. - Sin embargo, la totalidad de los conocimientos adquiridos permite aclarar la génesis de los depósitos de menas por sí solo, teniendo en cuenta, por supuesto, las ciencias de física y la química.

§ 5. ciencias auxiliares.
Como parte de la geología, la doctrina de los depósitos sólo puede entenderse en relación con las otras partes de esta ciencia, por lo que es necesario conocerlas lo más posible. Las ciencias auxiliares de la geología, especialmente la mineralogía, la química y la física, constituyen para nosotros la base necesaria para una comprensión más profunda.


§ 6 Literatura. La literatura es muy pobre en los libros de texto sobre depósitos minerales. La más excelente es:

Bernhard von Cotta, Die Lehre von den Erzlagerstätten. Zweite Auflage. 2 Theile. Freiberg 1859—1861. Además a nombrar:

Joseph Waldaue von Waldenstein, Die besonderen Lagerstätten der nutzbaren Mineralien. Wien 1824, und
Johann Grimm, Die Lagerstätten der nutzbaren Mineralien. Prag 1869.

Casi todos los libros de la Geología y ciencias de la Minería tratan en capítulos especiales los Depósitos Minerales de mena. No se puede realizar un listado completo, pero deberían ser mencionados siguientes:

Carl Friedrich Naumann, Lehrbuch der Geognosie. Zweite Auflage. 1. Band. 16. Abschnitt. (Leider unvollendet geblieben.) Leipzig 1872.

Moritz Ferdin. Gaetschmann, Die Auf- und Untersuchung von Lagerstätten nutzbarer Mineralien als 1. Teil der Vollständigen Anleitung zur Bergbaukunst. Freiberg 1856. Zweite Auflage. Leipzig 1866, und

Albert Serlo, Leitfaden zur Bergbaukunde. Dritte Auflage. 1. Abschnitt. Berlin 1878.

Además una cantidad enorme en monografías y trabajos en revistas relacionadas a la minería y depósitos minerales de mena o en otras obras de trabajos mineralógicos y geognósticos, ahí se citará en forma independiente en siguiente en los capítulos correspondientes.

[sigue con el texto]

Originaltext von Groddeck in deutsch:
A. von Groddeck: Seite 1 - 4
Definitionen und Einleitung
Groddeck, p.001



Einleitung

§ 1. Erze hat man in der Mineralogie metallhaltige Mineralien genannt, z. B. Spateisenstein, Rotkupfererz, Bleiglanz, Rotgültigerz etc. Man kann den Begriff, seiner ursprünglichen Bedeutung entsprechend, aber auch technisch auffassen und definieren: Erze sind Mineralien oder Mineralgemenge, aus denen man im Großen und auf ökonomisch vorteilhafte Weise Metalle oder Metallverbindungen darstellen kann.

Beide Auffassungen stehen gleichberechtigt neben einander. Im Folgenden wird das Wort Erz in doppelter Bedeutung gebraucht werden, ohne dass für gewöhnlich angegeben ist, ob der mineralogische oder technische Begriff gemeint ist, denn es erhellt das meist aus dem Zusammenhang.

Erze im technischen Sinne sind also nicht homogene Körper wie die Mineralien, sondern alle diejenigen metallhaltigen Massen, die der Bergmann zu Tage fördert, um sie in den Aufbereitungswerkstätten und in den Hütten weiter zu verarbeiten. — Es gehören dazu z. B. Gesteine, welche metallische Fossilien eingeschlossen enthalten (Kupferschiefer), ferner allerhand Mineralien, die so mit einander, oder mit Gestein verwachsen vorkommen, dass sie gemeinschaftlich gewonnen werden müssen. (Quarz mit gediegenem Gold. — Kalkspat mit Kupferkies und Zinkblende. — Bleiglanz mit Quarz und Tonschiefer.)

In der bergmännischen Praxis werden gewisse metallhaltige Mineralgemenge auch besonders benannt, so heißen alle oxydischen Zinkerze Galmei, rundliche, durch konzentrische Minerallagen (Bleiglanz und Quarz) verkittete Gesteinsbruchstücke Ringelerze — schwefelfreie, meist pulverige oder erdige, unreine, aber silberhaltige Gemenge von Metalloxyden Pacos etc.

Erz im technischen Sinne muss in größerer Menge vorkommen. — Ein Kupferkieskörnchen oder Kriställchen, das sich vereinzelt in einem Gestein eingewachsen findet, kann der Mineraloge als Erz bezeichnen, der Techniker nicht.

Die Verarbeitung im Großen und auf ökonomisch vorteilhafter Weise erfordert, je nach dem Wert des Metalls, einen bestimmten, ein Minimum nicht unterschreitenden Gehalt des Erzes. — So wird z. B. ein [002] eisenhaltiges Mineral oder Mineralgemenge, das weniger als 20% Eisen enthält, kaum als ein Eisenerz angesprochen werden können, während ½ % Silber einer mineralischen Masse schon den Charakter eines sehr wertvollen Silbererzes verleiht.

Selbstverständlich wird sich das Urteil über den Wert eines Erzes mit dem Wert der Metalle und dem jeweiligen Standpunkt der hüttenmännischen Technik ändern.

Sehr beachtenswert ist es, dass durch die Erweiterung chemischer Kenntnisse und die Vervollkommnung metallurgischer Prozesse metallhaltige Mineralien zu Erzen werden, die vorher die Aufmerksamkeit des Bergmanns nicht verdienten.

Kobalt und Nickel sind Schimpfnamen, welche die alten Bergleute den Verbindungen des Kobalts und Nickels mit Schwefel, Arsenik und Antimon beilegten (z. B. Kupfernickel), weil sie dieselben trotz ihres verlockenden metallischen Aussehens als wertlos auf die Halde werfen mussten, bis es am Ende des 16. Jahrhunderts gelang, die Kobalterze zur Smaltefabrikation zu verwenden. — Die Kunst, aus der Zinkblende metallisches Zink zu gewinnen, hat man erst am Ende des vorigen Jahrhunderts gelernt und von dieser Zeit an ist die Zinkblende in die Kategorie der Erze eingetreten. Seitdem man das von Wöhler entdeckte Aluminium im Großen darzustellen gelernt hatte, war man berechtigt, nach unserer Auffassung des Begriffs Erz, die dazu benutzten Aluminium enthaltenden Substanzen, wie Ton, Bauxit, Kryolith, als Aluminiumerze zu bezeichnen.

Mit dem Begriff Erz ist ursprünglich die Idee der Verwertbarkeit zur Metallgewinnung eng verbunden. — Es ist daher eine dieser berechtigten Auffassung nicht entsprechende, wenngleich in der Praxis eingebürgerte Erweiterung des Begriffs, Schwefel enthaltende Mineralien, die zur Darstellung von gediegenem Schwefel oder Schwefelsäure benutzt werden können, wie Schwefelkies und Markasit, Schwefelerze zu nennen.

§ 2. Als Erzlagerstätten bezeichnet man das Vorkommen der Erze auf ihren natürlichen Ablagerungen, welche, als Teile des Erdkörpers, entweder direkt zu den Gesteinen gerechnet werden müssen, oder in letzteren als untergeordnete Einlagerungen auftreten.

§ 3. Die Lehre von den Erzlagerstätten ist ein Teil der Geologie und muss nach der Methode dieser Wissenschaft behandelt werden. — Je vielseitiger die geognostischen Kenntnisse sind, je tiefer die geognostische Auffassung ist, mit umso größeren Erfolgen wird das Studium der Erzlagerstätten betrieben werden können.

Exakte Beobachtungen der beim Erzbergbau sich zeigenden Erscheinungen und treue Darstellung derselben in Bild und Wort schaffen die [3] hauptsächlichste Grundlage dieses wichtigen Teils der Geologie. — Niemand ist daher mehr berufen, die Kenntnisse der Erzlagerstätten zu fordern, als der praktische Bergmann, der durch täglich sich wiederholende Beobachtungen allein im Stande ist, die vielfach wechselnde Natur derselben zu erkennen.

Ein einmaliger Besuch einer Grube ist meist nicht genügend, um die bebaute Lagerstätte verstehen zu lernen. Die Beobachtungen müssen so vielseitig angestellt werden wie irgend möglich, und sich vorzüglich erstrecken auf das räumliche Verhalten der Lagerstätten, ihre Beziehungen zu dem Nebengestein, die Eigenschaften des letzteren, die mineralogische Natur der Lagerstätte, die Art und Weise wie die Mineralien neben und über einander vorkommen etc. etc.

Je mehr die Lagerstätten durch Bergbau aufgeschlossen sind, desto günstiger ist natürlich die Gelegenheit zu derartigen Beobachtungen. — Leider hat man diese Gelegenheit, besonders in früheren Zeiten, vielfach ungenutzt vorübergehen lassen. — Die Baue sind zugestürzt und viele der wichtigsten Aufschlüsse sind für ewig zugedeckt; eine Mahnung dem lebenden Geschlechte, dafür Sorge zu tragen, dass solche Bausteine der Wissenschaft ferner nicht verloren gehen.

Das letzte Ziel des Studiums der Erzlagerstätten ist, einen klaren Einblick in die Entstehungsgeschichte derselben zu erlangen. — Wir sind diesem Ziele umso ferner, je lückenhafter unsere positiven Kenntnisse der Lagerstätten sind, umso näher, je vollständiger das Beobachtungsmaterial vorliegt. — Die Einsicht in die Genesis der Lagerstätten muss, wie jedes wissenschaftliche Erkennen, Selbstzweck sein; es ist aber nicht unbeachtet zu lassen, dass dieselbe allein den Bergmann befähigt, in vollkommen rationeller Weise bei der Aufsuchung und Untersuchung der Lagerstätten zu verfahren. Die Erfolge einer oft mit großem Glück angewandten Empirie einerseits, und die Überzeugung andererseits, dass wir dem erhofften Ziele noch sehr ferne stehen, dürfen an der Wahrheit des Satzes nicht irre machen, dass die geognostische Wissenschaft dem Bergmann, bei der Aufsuchung und Untersuchung der Lagerstätten, allein als Führer dienen kann.

§ 4. Einteilung.
1. Eine der wichtigsten Aufgaben ist es, die räumlichen Verhältnisse der Erzlagerstätten und ihre Beziehungen zu den angrenzenden Gesteinen kennen zu lernen. — Damit beschäftigt sich der erste Abschnitt der Erzlagerstättenlehre.

2. Der zweite Abschnitt handelt von dem stofflichen Inhalt der Erzlagerstätten oder von den Mineralien und Gesteinen derselben und ihrer Anordnung. [4]

3 .Der dritte Abschnitt gibt eine systematisch geordnete Schilderung aller Arten von Erzlagerstätten und gewährt so eine Übersicht über das ganze Gebiet.

4. In dem vierten Abschnitt wird die Theorie der Genesis der Erzlagerstätten im Zusammenhang behandelt.
Es lässt sich nicht vermeiden, in die Darstellung der drei ersten Abschnitte schon genetische Betrachtungen zu verflechten. — Die Gesamtheit der erworbenen Kenntnisse befähigt aber allein — natürlich mit voller Berücksichtigung der Physik und der Chemie — ein Urteil über die Genesis der Erzlagerstätten zu haben.

§ 5. Hilfswissenschaften. Als ein Teil der Geologie wird die Erzlagerstättenlehre nur im Zusammenhang mit den übrigen Teilen dieser Wissenschaft verstanden werden können, und ist deshalb die Kenntnis derselben, in möglichst großem Umfange, vorauszusetzen. Die Hilfswissenschaften der Geologie, vorzüglich Mineralogie, Chemie und Physik, bilden daher auch für uns die notwendige Grundlage eines tieferen Verständnisses.

§ 6. Literatur. An Lehrbüchern der Erzlagerstättenlehre ist die Literatur sehr arm.
Das vorzüglichste ist:

Bernhard von Cotta, Die Lehre von den Erzlagerstätten. Zweite Auflage. 2 Theile. Freiberg 1859—1861. Außerdem sind noch zu nennen: Joseph Waldaue von Waldenstein, Die besonderen Lagerstätten der nutzbaren Mineralien. Wien 1824, und Johann Grimm, Die Lagerstätten der nutzbaren Mineralien. Prag 1869.

Fast alle Lehrbücher der Geologie und Bergbaukunde behandeln in besonderen Abschnitten die Erzlagerstätten. Auf eine vollständige Aufzählung verzichtend, mögen hier nur erwähnt werden:

Carl Friedrich Naumann, Lehrbuch der Geognosie. Zweite Auflage. 1. Band. 16. Abschnitt. (Leider unvollendet geblieben.) Leipzig 1872.

Moritz Ferdin. Gaetschmann, Die Auf- und Untersuchung von Lagerstätten nutzbarer Mineralien als 1. Teil der Vollständigen Anleitung zur Bergbaukunst. Freiberg 1856. Zweite Auflage. Leipzig 1866, und
Albert Serlo, Leitfaden zur Bergbaukunde. Dritte Auflage. 1. Abschnitt. Berlin 1878.

Ein großer Schatz an wertvollen Monographien und Arbeiten, die sich auf Erzlagerstätten beziehen, ist in den geologischen und bergmännischen Zeitschriften und sonstigen mineralogischen und geognostischen Werken niedergelegt, auf den im Folgenden durch Zitate spezieller hingewiesen werden soll.
[Weiterlesen - Räumliche Anordnung von Lagerstätten]


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En general:
Texto: Introducción Depósitos (Groddeck, 1879)

Una veta:
Formación de vetas (Petzholdt, 1840)
Geometría de una veta (Hartmann, 1843)
Geometría de una veta con salbanda (Rossmässler, 1863)
Veta limonita (Groddeck, 1879)
Relleno de una veta (Treptow, 1900)

Tipos de depósitos:
Formación depósitos (vetas) - Petzhold (1840)
Formación depósitos por aguas (Credner, 1891)
Tipos de depósitos (Lippert, 1878)
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Digitalización del texto:
El libro se digitalizo con camera fotográfica Pentax, OCR y mejoramiento para PDF se realizo con ABBYY fine Reader [versión 14]. Las hojas finalmente se preparó con Corel Photo Paint para PDF.
Los textos en alemán se adaptó levemente a una ortografía actual.

De: Albrecht von Groddeck (1879) Página 001

Groddeck, A.v. (1879): Die Lehre von den Lagerstätten der Erze. - 119 figuras; Editorial Veit & Comp., Leipzig, Alemania.

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